Escrito por Luis Alfredo Villalba Ruiz
En el quehacer político del país, hay dos malos hábitos que se necesitan, uno a otro, para existir y ser, el hábito de tomar decisiones sabiéndose dueños del poder económico y el otro de irrogarse la representatividad de quienes no disponen de canales para dejar escuchar su voz.

En el caso de Tía María, el primero materializado por la empresa, renuente a aceptar que estamos en siglo XXI y las condiciones de explotación usurera, no tiene la cabida de antes, peor cuando es incapaz de prestar oídos, por miedo, no a perder con la inversión de capital, sino a reducir la proyección de rentabilidad más allá del 50%, aprovechando los favores de la legislación, que santifica los estándares de control ambiental, que permite una interpretación tributaria a su favor y que le hace propicia toda forma de seguridad jurídica para la inversión, el segundo expresado por la interpretación filo progresista, coyunturalmente ambientalista, que empata con la expectativa y miedos del poblador a perder su medio de subsistencia, sabedor del abandono histórico del estado.
Desidia empresarial para sin presión adicional, estar a la vanguardia de la tecnología de explotación y producción minera e implementación de sistemas de monitoreo y seguimiento, que vayan más allá del mínimo exigible, con capacidad para generar credibilidad y una planificación específica de las acciones obligadas de mitigación de los impactos en la población y el ámbito de influencia.
Oportunismo vanguardista, incapacitado para desarrollar sabiduría y conocimiento ambiental organizado, que no dependa de su presencia mediática, apunte por el contrario a fortalecer el anhelo de participación ciudadano y social en la toma de decisiones.
Monitoreo de los recursos implicados, materiales, humanos, tecnológico, financiero, económico, etc, respecto de su pertinencia, oportunidad y transparencia; Seguimiento al modelo adoptado de producción y explotación y Evaluación del conocimiento que se acumula con cada diferente proyecto empresarial.
La situación de desobediencia de Tía María, presenta un panorama desolador, ante la incompetencia de estado, empresa y oportunismo vanguardista, la carne de cañón es la población, productores, comerciantes y trabajadores que luego de más de un mes de tenaz resistencia no ve luz al final de túnel. Mientras tanto la soberbia del estado graficada en el obligado uso de la fuerza, de la empresa que sabe que el país necesita mantener el aporte de la minería para el crecimiento económico y de las vanguardias envalentonadas por la respuesta de la población, son expresión de liderazgos precarios, incapacitados para ponerse por encima de los intereses de parte, para gestar la opción de diálogo.
Tía María, es una oportunidad potencial para las partes, bastaría bajar del pedestal de soberbia al llano, sabedores que solamente un actuar político serio comprometido con el país y sobre todo con la nación, será la siembra de un nuevo horizonte.