Escrito por Luis Alfredo Villalba Ruiz

Resumen

Hasta cuándo tendré que esperar, dice la ciudad, hasta cuando las decisiones tomadas, acerca de mí, recogerán lo que tengo que decir:

No soporto más invasiones de terrenos, el crecimiento desordenado del transporte público, la concentración de población, las quejas de descontento del público que se siente mal servido, la infraestructura de baja calidad, obras que se hacen y deshacen por el solo gusto de quien toma decisiones sin importarle si eso es desperdiciar recursos y el tiempo que es de todos. Cuando será que la toma de decisiones, en lugar de mantener en posiciones de privilegio a los malos e inadecuados hábitos, desperecen los hábitos con capacidad de generar sinergias virtuosas.

A diario soy testigo, dice la ciudad, que la forma en que se toman decisiones deja mucho que desear, hace agua por todo sitio, a pesar de las voces que afirman que la Democracia es el mejor sistema que conocemos para tomarlas; quiere decir entonces que el problema no es el sistema sino somos quienes tomamos decisiones, que en lugar de ejercitar formas democráticas preferimos ejercitar las antidemocráticas, por hábitos y costumbres arraigadas y no desterradas.

Me preocupa que planes tras planes desde antes de 1940, en lugar de ordenarme, propugnen el arraigo de hábitos y costumbres, sin siquiera haber explicado cuáles de ellos despiertan hábitos y costumbres virtuosas, cuales hábitos y costumbres deben desaparecer y cuales es posible mejorarlos para hacerlos virtuosos.